miércoles, 28 de agosto de 2013

Pregorexia

Permanecer delgada durante el embarazo es la obsesión de cada vez más mujeres. Las españolas tampoco se libran de esta tendencia, que no debe de confundirse con la “pregorexia”, que afecta a las mujeres embarazadas anoréxicas… 

Victoria Beckham, Nicole Richie, Heidi Klum… No faltan ejemplos de famosas embarazadas que presumen de extrema delgadez durante el embarazo. A pesar de estar embarazadas, rozan la anorexia. No son más que el reflejo de la atención desmesurada que ciertas mujeres prestan a su peso a lo largo del embarazo.

 

Engordar durante el embarazo, atención a los mensajes de culpabilidad

No comer carne cruda, evitar el queso o la leche sin pasteurizar, lavar las verduras y hortalizas… las recomendaciones alimentarias durante el embarazo son varias. Los médicos tratan de informar y sensibilizar a los pacientes sobre la importancia de un aumento de peso moderado. 

 Aunque estas recomendaciones son necesarias e importantes, muchas madres tienden a sentirse culpables cuando ven que pierden la forma. “Siempre he seguido una dieta equilibrada y he estado delgada. Sin embargo, cuando estaba embarazada, el médico no dejaba de repetirme que no tenía que engordar demasiados kilos. Engordé 12 Kg. durante mi embarazo, lo cual estaba dentro de los límites; pero a pesar de eso, cada mes que iba a pesarme, el médico me hacía la misma advertencia. Hacía lo correcto, pero sus palabras me hacían sentir muy culpable… Hasta tal punto que temía que llegara la siguiente visita médica. Tenía miedo de discutirnos, de hacer las cosas mal; era muy estresante”, declara Caroline, una joven de Toulouse de 26 años.

 

Embarazo y conductas alimenticias

Según un estudio australiano, el 41% de las mujeres embarazadas que no sufre anorexia tiene problemas para controlar el peso y el 20% considera que es durante esa etapa de su vida cuando más se preocupa por su peso y alimentación. Más recientemente, se han realizado varios estudios sobre los trastornos alimenticios durante el embarazo, en los que han participado 250 mujeres de la planta de maternidad de un hospital parisino. Estos estudios han demostrado que las mujeres quieren controlar lo que comen para no engordar demasiado (puesto que después del parto es muy difícil desprenderse de esos kilos de más) y también para cubrir las necesidades nutricionales del bebé. Así pues, para muchas se trata de alcanzar el equilibrio entre sus propias necesidades y las del bebé, lo cual no puede diagnosticarse como patología. 

“El impacto del embarazo en la conducta alimenticia no es directo. Depende del estado de la madre antes de quedarse embarazada (peso, preocupación por la imagen, sentimiento de eficacia, antecedentes de trastornos de la conducta alimenticia o, simplemente, conductas de restricción). Aquellas mujeres que más se preocupan por su cuerpo antes del embarazo serán, probablemente, las más propensas a padecer esta enfermedad”, constata Claire Squire, psiquiatra y psicoanalista. En general, las mujeres más exigentes con su imagen corporal son las que peor llevan los cambios físicos que conlleva el embarazo.

 

Miedo de engordar durante el embarazo: atrévete a hablar de ello

Muchas mujeres piensan en su silueta cuando están embarazadas… ¡pero se sienten culpables por pensarlo! Por ese motivo, prefieren no hablar del tema y no expresan sus dudas, y mucho menos sus angustias. “Si sientes que el tema del peso te inquieta demasiado (te pesas más de una vez a la semana, alternas excesos alimenticios y dietas, engordas muy poco…), no dudes en comentarlo con tu entorno y consultar con un especialista”, aconseja Claire Squires.

El nutricionista, el psicoterapeuta, el sofrólogo… Estos profesionales pueden ayudar a las mujeres a aceptar las distintas transformaciones que sufre su cuerpo durante los nueve meses del embarazo. “Hablar del tema es fundamental, puesto que la obsesión relacionada con la delgadez puede acarrear una depresión durante o después del embarazo. Y eso puede afectar al bebé”, añade la psiquiatra.


 

Embarazo y anorexia, los peligros para el bebé

Una debe de empezar a preocuparse cuando el temor a engordar roza la obsesión y comporta una conducta anoréxica. Los anglosajones también han ideado un término para describir este fenómeno: la “pregorexia”, una contracción de “pregnant” (embarazada) y “anorexia”, aunque también han inventado otro término: “mommyrexia”. Cuidado porque privarse de comer puede perjudicar el crecimiento del bebé. “La anorexia es una enfermedad que, en general, comienza durante la adolescencia y provoca síntomas transitorios o incluso una enfermedad crónica.

Si no se pone remedio a estos trastornos, pueden ir a peor o reaparecer durante el embarazo, puesto que supone un aumento de peso”, precisa Claire Squires. El embarazo de una mujer que sufre anorexia conlleva varias consecuencias: que el bebé nazca con poco peso, un retraso en el desarrollo, hipotrofia, un perímetro craniano insuficiente y un riesgo de muerte perinatal multiplicado por seis.

Sin embargo, la psiquiatra relativiza la importancia de este fenómeno: “Las mujeres anoréxicas son muy conscientes de los riesgos que corre su bebé, y se sienten muy culpables por poner en peligro la salud del bebé. Por este motivo, se esfuerzan por comer lo suficiente durante el embarazo. En cualquier caso, necesitan la ayuda de equipos de psiquiatras y psicólogos”.


 

Encontrar el equilibrio

Todas las madres deberían de saber que lo mejor para ellas es hallar un equilibrio en vez de controlarse tan estrictamente el peso y, sobre todo, no pasarse de la raya. Se aconseja un aumento de peso de al menos 9 Kg., puesto que el peso del bebé junto con el de la placenta y el líquido amniótico corresponde a unos 7 Kg. más o menos.
Los aportes diarios recomendados son:

  • 2000 Kcal. en caso de una mujer con actividad media durante el primer trimestre (más o menos los mismos que antes del embarazo;
  • 2100 Kcal. durante el segundo trimestre;
  • Entre 2250 y 2500 Kcal. durante el tercer trimestre de embarazo.
Y, en caso de que tardes un poco en perder esos kilos del embarazo después del nacimiento del bebé, recuerda esta frase: “Nueve meses para hacer un bebé, nueve más para deshacerlo”. 

Via:  http://nutricion.doctissimo.es/trastornos-de-la-conducta-alimentaria/trastornos-alimentarios/pregorexia-embarazo.html

lunes, 26 de agosto de 2013

Dieta infantil: Dos claves para mejorarla

Vivimos en un ambiente que muchos expertos califican de "obesógenico", es decir, que incrementa las posibilidades de que los niños padezcan obesidad. 

Nuestro entorno dificulta la lactancia materna, facilita que nuestros hijos sean sedentarios, pone a su alcance máquinas expendedoras de comida que en realidad no es del todo "comida", abarata los alimentos calóricos e incluye una publicidad constante de alimentos insanos. 
También nacen como setas falsos gurús que promueven dietas milagro (que desorientan a la población y generan el llamado efecto yoyó. 

Pese a que hay más factores en la ecuación -la obesidad es un fenómeno complejo sobre el que influyen la genética, el entorno y otros aspectos biológicos-, uno de los más significativos es el que se produce en el hogar del menor, en los hábitos de la familia y en el ejemplo que ofrecemos los adultos. El presente texto aborda dos cuestiones clave para fomentar una dieta saludable desde casa.

Dieta infantil y salud: los padres son el modelo

Un estudio recién publicado en la prestigiosa revista científica International Journal of Obesity, y centrado en niños de 2 a 5 años, ha evaluado el efecto del ambiente del hogar sobre la cantidad de actividad física y la calidad de la dieta de los pequeños en edad preescolar. Sus dos conclusiones han sido las esperadas: 
  1. Los modelos de conducta de los padres pueden reducir el consumo de alimentos "basura" de los niños y evitar su sedentarismo. 
  2. Limitar el acceso a los alimentos insanos puede tanto aumentar la cantidad de alimentos saludables que consumen los menores, como disminuir su ingesta de comida "basura".
Estas constataciones se suman a las evidencias que apuntan que instaurar una "política" de salud en el hogar y predicar con el ejemplo son aspectos cruciales a la hora de promover unos buenos hábitos en los menores. A continuación se analiza de forma breve cada una de estas dos claves.

1. Política saludable en el hogar

Tanto una alimentación sana como el ejercicio físico son pilares que sostendrán la salud de los menores durante el resto de su vida y prevendrán que sufra obesidad y una larga lista de enfermedades crónicas. 
Es por ello que, dentro de las normas que los padres siguen a la hora de educar a los hijos, debe incluirse la implementación de una "política" saludable que contemple los siguientes aspectos: 
  • Limitar la cantidad de alimentos insanos que hay en casa. Existe un refrán que resume a la perfección este consejo: "Ojos que no ven, corazón que no siente". Si el niño no tiene a su alcance alimentos llenos de calorías pero faltos de nutrientes, nadie tendrá que prohibírselos. 
  • Fomentar un mayor número de comidas compartidas. Cada vez más investigaciones científicas confirman algo de sentido común: comer en familia mejora la calidad de la dieta del menor. Incluso existen estudios que indican que este hábito puede evitar comportamientos de riesgo en adolescentes.
  • Promover la actividad física y restringir el tiempo que los niños dedican a actividades sedentarias. La Academia Americana de Pediatría (AAP) aconseja limitar a menos de 2 horas diarias el tiempo que los pequeños dedican a ver televisión, jugar a videojuegos o a navegar por Internet (los menores de 2 años de edad no deberían ver la televisión).

2. Más ejemplo y menos sermones para unos hábitos saludables

Hay otro dicho popular que contiene una gran dosis de sabiduría: "Predicar con el ejemplo es el mejor argumento". 
Que los propios padres escojan unas buenas costumbres, tanto de alimentación como de actividad física, resulta decisivo para que los niños sigan el mismo camino. 

Por una parte, en un hogar en el que los padres se alimentan de forma equilibrada es muchísimo más probable que haya alimentos sanos al alcance del menor. 
Numerosos estudios señalan que cuando en el hogar hay más frutas y hortalizas, los pequeños consumen mayor cantidad de ellas. Y viceversa: si en casa hay más alimentos insanos (como bebidas azucaradas), la ingesta del menor es menos saludable. 

Por otra parte, si los padres evitan el sedentarismo, es muy poco frecuente que permitan que sus hijos pasen horas frente al televisor o jugando a videojuegos. 
Harán lo posible para motivar al niño a que mueva el esqueleto, ya sea mediante juegos, paseos, deportes o cualquier actividad que haga acelerar el corazón. 
Además, tendrán ropa deportiva adaptada a la edad del niño o conocerán espacios en los que se pueda mover con libertad.
 
Los investigadores responsables del estudio indicaron que los padres "son un modelo de rol para sus hijos" y que el ambiente en el hogar es "crítico" para prevenir la obesidad infantil. 

Por último, que los padres mejoren sus propios hábitos con el objetivo de promover la salud de sus hijos mejorará también su propia salud. 
Un círculo virtuoso que, como bien resume el cantautor (y médico) uruguayo Jorge Drexler, confirma que cuanto más damos, más recibimos. 


Via:  http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/infancia_y_adolescencia/2013/08/09/217542.php#

lunes, 22 de julio de 2013

¿Es malo que el bebé juegue con la comida?

Cuando comenzamos con la alimentación complementaria suele suceder que, el bebé, si se lo permitimos, toque, se embadurne, aplaste, escupa y hasta tire al suelo lo que le damos. Pero, ¿es malo que el bebé juegue con la comida?

Posiblemente a nosotros nos daban de comer papillas, bien sentaditos en la trona, cubiertos con un babero y haciéndonos el avioncito… pero de tocar las cosas de comer con las manos , nada de nada. Y nos cuesta ver que el niño se empeña en hacerlo.
Pero que un bebé juegue con la comida no tiene nada de malo, todo lo contrario, es lo más saludable para que desarrolle su experiencia alimentaria completamente. Su gran curiosidad y la necesidad de experimentar con todos sus sentidos le anima a hacerlo.

Aprender a comer no es aprender a abrir la boca cuando viene la cuchara. Aprender sobre la comida es una aventura de colores, olores, temperaturas, texturas, peso, consistencia y sabor. Por tanto que el niño quiera jugar con la comida y tocarla va a ayudarle a desarrollar su experiencia plena. Incluso podemos aplicar el método Baby-led Weaning, que consiste en permitirle al bebé comer en trozos desde que comienza la introducción de sólidos. Irá cogiendo los alimentos con la mano y llevándoselos él mismo a la boca.

Tampoco es necesario que la casa quede hecha una pocilga, basta con ponerle un plato antideslizante, unos plásticos en el suelo y, siempre que sea posible, comer nosotros con ellos y cosa lo más parecidas posibles, para que desee descubrir por él mismo lo que nosotros hacemos, fomentando de este modo buenos hábitos alimentarios desde temprana edad.
Asi que no, no es malo que el bebé juegue con la comida, jugar es su manera de aprender.


Via:  http://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/es-malo-que-el-bebe-juegue-con-la-comida

miércoles, 10 de julio de 2013

Rumor: Para adelgazar basta con añadir alimentos sanos

Un tuit muy polémico del American Institute for Cancer Research ha llevado a que algunos foros de internet echen humo a raíz de la sempiterna pregunta: qué es antes el huevo o la gallina. O dicho de otra forma, ¿cómo hay que adelgazar: introduciendo alimentos “sanos” o dejando de tomar los superfluos?

En él, leemos lo siguiente: “Para reducir tu ingesta de calorías, no añadas hortalizas, frutas o cereales integrales. Escógelos en lugar de alimentos ricos en grasas o azúcares”. 

Pero el tuit no está mal. De hecho, está la mar de bien. Muchas personas piensan, erróneamente, que no es preciso que dejen de tomar alimentos superfluos para conseguir su salvación nutricional, sino que basta con que tomen media zanahoria cruda de vez en cuando, para que sus “carotenoides antioxidantes fitoquímicos” ejerzan mágicos poderes antienvejecedores y, sobre todo, adelgazantes. 
No funciona así. De hecho, tampoco funciona así en otras facetas de la vida. 
Si quitamos el polvo de las estanterías, pero tenemos los zapatos llenos de barro, la habitación no quedará lo que se dice “impoluta”. Mejor sería limpiar primero nuestros sucios zapatos, para luego dedicarnos al orden y concierto de la habitación. 

Así, para disminuir la ingesta calórica o para mejorar el perfil nutricional de nuestra dieta, no basta con “añadir” alimentos sanos, hay que dejar de tomar alimentos con muchas calorías. Una vez eliminadas las (muchas) calorías que nos aportan los alimentos superfluos (refrescos, bollería, repostería, helados, aperitivos salados, postres lácteos, salsas, bebidas alcohólicas, etcétera), en ese momento podemos empezar a plantearnos añadir frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres o frutos secos. 

(No debemos olvidar que para tener una vida saludable es imprescindible compaginar una alimentación sana con la práctica de deporte)

Via: http://comeronocomer.es/rumores/rumor-para-adelgazar-basta-con-anadir-alimentos-sanos

miércoles, 3 de julio de 2013

El veranito... otra excusa más

El verano es una época especial del año. Los días son más largos, socializamos más y, ¡por supuesto! hay vacaciones por medio, sin contar con helados, granizados y un sinfín de tentaciones en forma de comida. El verano es, sin lugar a dudas, la época del año más relajada que hay. Quizás por ello, muchas veces el proyecto de comenzar una dieta (que, como sabéis para mí es sinónimo de “comenzar a cuidarme, quererme e ir por lo que quiero en la vida”) lo dejamos para después, porque claro ¡a ver quién es el guapo que resiste a tantas tentaciones! Pues tú, si realmente lo quieres. 


El verano no es excusa. Es más, si te pones a pensarlo fríamente, tienes la oportunidad de cuidarte más: – Al tener más tiempo libre, puedes practicar ejercicio.
  • Como hace buen tiempo, ¡no necesitas enterrarte en un gimnasio! Sal a pasear, a correr, a patinar,…
  • Como hace más calor, apetecen cosas más fresquitas. Así que las frutas, las ensaladas, los zumos, etc. son tus aliados.
  • Bebes más, lo que siempre te ayudará a sentirte más saciada y a equilibrar la ingesta de líquidos.
Además, el verano son 3 meses. ¿Cuánto tiempo de te vas de vacaciones? ¿15 días? ¿Un mes? Si tienes la suerte de poder irte un mes, no deja de ser un tercio del tiempo de verano. En esos 30 días harás una media de 4 comidas diarias, lo que significa 120 comidas. ¿Vas a hacer 120 comidas desastrosas? ¿120 paellas? (si es así, vete poniendo en contacto con el Ayuntamiento de Calasparra, para que te hagan un monumento.) Pero es que aunque así fuera… ¿Vas a dejar de cuidarte 3 meses por ello? Hay un círculo vicioso muy común:
  1. Tras el verano, me siento fatal porque he engordado y me paso el mes de septiembre castigándome por ello, así que
  2. Llega Octubre y me digo “venga, me voy a poner a dieta” pero como las Navidades están a la vuelta de la esquina….
  3. Tras las Navidades, me flagelo mucho más “¿Ves? ¡Has vuelto a engordar! Jamás lo vas a conseguir”, así que
  4. Enero y febrero me lo paso llorando por las esquinas y planificando la operación bikini que
  5. Comienzo en marzo convencidísima de que me voy a quitar lo que me sobra
  6. Llega finales de Junio y bueno, sí, me he quitado unos cuantos Kgs, así que ¡vacaciones!
  7. Y… vuelta a empezar.
Y, sin darte cuenta, vives año tras año un círculo vicioso que te atrapa en tu cuerpo, en tus sentimientos de fracaso y en tu vida “de gorda”. Y, a muchas personas, en dietas milagros y cambios drásticos de peso. Conozco a una mujer que su talla en ropa de invierno es la 50, y la de verano… ¡la 46! ¿Dos tallas en un mismo año? ¿No ves que vives atrapada en un círculo vicioso? ¿No deseas, de corazón, mantenerte en una vida sana -y un cuerpo- durante el resto de tu vida? Corta con todos los círculos viciosos de tu vida. Mientras vivas en ellos, no dejarás que lleguen a tu vida personas, situaciones, experiencias y sentimientos nuevos. 

En realidad, el verano es la excusa para no comenzar a cuidarte. Pero la pregunta es… ¿Para qué dejas de cuidarte?  Cualquier época del año es buena para amarte y ocuparte de ti y de tu alimentación. ¡Ojo! No estoy diciendo que te pongas a dieta de adelgazamiento, sino que te cuides esas vacaciones, vuelvas a tu vida y sigas cuidándote. El nivel lo pones tú. El verano es una época perfecta para comenzar a asumir una alimentación responsable: frutas, verduras, barbacoas (sí, si te lo propones, una barbacoa puede ser de lo más sano), bebidas sanas, etc. y empezar a indagar en esas razones que te hacen vivir en ese círculo.

Así que… ¿por qué no te dejas de excusas veraniegas y empiezas a amarte ya?

Via:   http://evacamposnavarro.wordpress.com/2013/06/20/el-veranito-otra-excusa-mas/

lunes, 1 de julio de 2013

Los cereales de caja para el desayuno ¿Son buenos o malos?

La nutrición es una ciencia dentro del área de la salud. 

Sin embargo, muchas veces a diferencia de la medicina,  no existen respuestas generales y aplicables a toda la gente. Se podría decir que la nutrición es la ciencia del “depende”. Depende de la edad, del nivel económico, del tiempo, de los gustos y preferencias, de las costumbres, de si existe o no alguna enfermedad, de nuestros hábitos y las cantidades de alimento que acostumbramos, etc. Es por eso que se generan tantos mitos y recomendaciones tan variadas y por lo tanto nos sentimos con frecuencia confundidos.

Por ejemplo, se dice que comer frutas es benéfico por su contenido de vitaminas, minerales, agua y fibra. Pero ¿qué sucedería si consumo grandes cantidades de fruta? En ese caso no es muy recomendable porque al hacerlo estaría olvidando de comer otros grupos de alimentos que tienen diferentes nutrientes, tal vez grasas y proteínas, por lo que me estaría privando de elementos importantes para mi salud.

Con todos los alimentos pasa lo mismo. Una alimentación saludable consiste sobre todo en la variedad. Si incluimos alimentos que pertenecen a todos los grupos, estaremos teniendo un aporte adecuado de todos los nutrientes. 
Estos grupos son:

Verduras y frutas: aportan carbohidratos (energía), vitaminas, minerales, fibra y agua.
Leguminosas: aportan carbohidratos complejos (energía prolongada), fibra, proteínas y minerales.
Lácteos: aportan proteínas, grasas y calcio.
Carne, queso y huevo: nos dan proteínas, minerales como hierro y otros minerales importantes.
Grasas y aceites: sobre todo el aceite de oliva y otros aceites de origen vegetal tienen además antioxidantes como polifenoles y vitamina E. Si es aceite de pescado, contiene omega 3, excelente para el corazón. Nueces y semillas (llamadas oleaginosas) también contienen importantes nutrientes.
Cereales: aquí incluimos trigo, maíz, cebada, arroz, centeno, avena y todos sus derivados. Contienen carbohidratos, vitaminas, minerales y fibra. Si son integrales tendremos todo esto, si son refinados sólo tendremos carbohidratos llamados almidones.

cereal
Ahora bien, la industria de alimentos sabe que mucha gente tiene problemas de tiempo para desayunar adecuadamente y han creado una gran oferta de cereales de caja prácticos y rápidos. El problema con muchos cereales de caja es que pueden llegar a tener demasiada azúcar, saborizantes y colorantes artificiales (sobre todo los cereales para niños), siendo muy alto su aporte de calorías y bajo su aporte de fibra y otros nutrientes.

La mala noticia es que en una porción de cereal podemos estar tomando toda la azúcar que podemos tomar en todo el día, promoviendo el aumento de peso en niños y adultos. Otra desventaja de los cereales de caja es su contenido de sal, el cual es muy elevado. Generalmente los alimentos altos en azúcar también contienen mucha sal y los cereales de caja no son la excepción.

niño

Por otro lado no se trata de satanizar estos alimentos pues una alimentación adecuada puede incluir todo tipo de alimentos, siempre y cuando sepamos cuánto comer y con qué frecuencia. 
Si nuestro desayuno consiste en cereales de caja azucarados todos los días, entonces sí, estamos fallando. Si lo hacemos una vez al mes o cada 3 semanas cuando se nos antoja mucho, entonces es un alimento más dentro de la gran variedad de alimentos que consumimos.

Algo importante es que leamos las etiquetas, para elegir el cereal que tenga menos azúcar y sodio… y más fibra, e incluyéndolo de vez en cuando si así lo preferimos.
Ahora bien si queremos cuidar nuestro peso será recomendable tomarse el tiempo de planificar nuestro desayuno e iniciar nuestro día con alimentos mucho más nutritivos como aquellos que incluyan proteína, verdura, fruta y lácteos descremados, así como pan o tortillas integrales.

Podemos sustituir los cereales de caja por otro tipo de cereales sin azúcar como el amaranto y la avena.  Se pueden tomar con yogurt, con leche y fruta o en licuados, se pueden hacer galletas, incluso hotcakes integrales.

avena

Recordemos que lo mejor es incluir alimentos naturales y frescos, sin colorantes, saborizantes, conservadores, sales y azúcares.
Además no podemos perder de vista que los hábitos se forman en la infancia, y si enseñamos a los niños a relacionar desayuno con cereal de caja, difícilmente podrán tener buenos y saludables desayunos cuando crezcan.

Nuestros paladares se acostumbran a los sabores. Acostumbrémonos a tener una alimentación variada y natural.

Via: http://www.vivesanamente.com/los-cereales-de-caja-para-el-desayuno-son-buenos-o-malos/

sábado, 15 de junio de 2013

Alimentación yang y yin

Existen dos grupos de alimentos, según lo que nos producen:

Energía extrema yang

Con efectos de acumular, acaparar, cerrar, condensar, engordar, generar calor interior y tensión en extremo.
También de formar a nivel energético una armadura-coraza-protección entre nosotros y nuestro cuerpo exterior
Todas las grasas saturadas de carnes, embutidos, jamón, aves, huevos, quesos secos y curados, horneados de harina, excesos de galletas y pan, sal cruda o exceso de alimentos salados, nos generan una coraza de aislamiento.

Puede que algunos lo consideren protección, pero ¿de qué nos tenemos que proteger? ¿Para qué necesitamos un caparazón? 
Puede que para protegernos de los demás, de situaciones exteriores que nos afectan demasiado. Es entonces cuando decidimos comer en exceso este tipo de alimentos que pueden provocar un exceso de peso, una protección física de peso para no sentir el dolor que pueden producirnos estas situaciones o personas conflictivas. O incluso puede que lo hagamos para no atraer la atención, para que la gente no se fije enmascarándonos con peso.

Un exceso de estos alimentos extremos yang también creará acumulación, no sólo de peso, sino de emociones, de apegos al pasado. Esto hará  que las energías que fluyen por nuestro canal espiritual no circulen con facilidad y no sintamos estancados en el pasado. 

Así pues, es importante observarnos cada vez que queramos ìcar algo entre comidas (embutido, queso, pan, bollería,...) y sin hambre.
Antes de hacerlo nos podríamos preguntar por qué y para qué lo hacemos.

Energía extrema yin

Con efectos de expandir, dispersar, evadir con reacción y movimiento muy rápido.

Los extremos yin, como las drogas, el alcohol, los estimulantes, los azúcares refinados o el chocolate, son sustancias que a menudo se utilizan para crear estados ilusorios y una realidad ficticia. De nuevo deseamos utilizarlos para evadirnos de la realidad que no nos gusta. Queremos escondernos durante unos instantes, unos minutos. Pensamos que utilizando estos extremos nos desharemos del dolor de algo que no aceptamos en nuestro presente. Cuando tomamos sustancias extremas yin huimos de nuestro presente para quedarnos en un futuro ilusorio. Nos apegamos a un futuro que existe tan sólo en nuestra mente por unos minutos.

Así pues, los alimentos también son usados a nivel colectivo para crear corazas de protección o para evadirse de lo que no nos gusta. Es una reacción muy adolescente: huir de algo que está en nuestra vida para ayudarnos a madurar y aprender. El hecho de escapar haciéndonos las víctimas o enfrentarnos a ello con agresividad y espíritu de lucha ciega no nos ayudará a pasar esa asignatura.


Via: "La alimentación y emociones" de Montse Bradford