Vivimos en un ambiente que muchos expertos califican de "obesógenico",
es decir, que incrementa las posibilidades de que los niños padezcan
obesidad.
Nuestro entorno dificulta la lactancia materna, facilita que
nuestros hijos sean sedentarios, pone a su alcance máquinas expendedoras de comida que en realidad no es del todo "comida", abarata los alimentos calóricos e incluye una publicidad constante de alimentos insanos.
También nacen como setas falsos gurús que promueven dietas milagro (que desorientan a la población y generan el llamado efecto yoyó.
Pese a que hay más factores en la ecuación -la obesidad es un fenómeno
complejo sobre el que influyen la genética, el entorno y otros aspectos
biológicos-, uno de los más significativos es el que se produce
en el hogar del menor, en los hábitos de la familia y en el ejemplo que
ofrecemos los adultos. El presente texto aborda dos cuestiones clave
para fomentar una dieta saludable desde casa.
Dieta infantil y salud: los padres son el modelo
Un estudio recién publicado en la prestigiosa revista científica International Journal of Obesity,
y centrado en niños de 2 a 5 años, ha evaluado el efecto del ambiente
del hogar sobre la cantidad de actividad física y la calidad de la dieta
de los pequeños en edad preescolar. Sus dos conclusiones han sido las
esperadas:
- Los modelos de conducta de los padres pueden reducir el consumo de alimentos "basura" de los niños y evitar su sedentarismo.
- Limitar el acceso a los alimentos insanos puede tanto aumentar la
cantidad de alimentos saludables que consumen los menores, como
disminuir su ingesta de comida "basura".
Estas constataciones se suman a las evidencias que apuntan que instaurar
una "política" de salud en el hogar y predicar con el ejemplo son
aspectos cruciales a la hora de promover unos buenos hábitos en los
menores. A continuación se analiza de forma breve cada una de estas dos claves.
1. Política saludable en el hogar
Tanto una alimentación sana como el ejercicio físico son pilares que sostendrán la salud de los menores durante el resto de su vida y prevendrán que sufra obesidad y una larga lista de enfermedades crónicas.
Es por ello que, dentro de las normas que los padres siguen a la hora de educar a los hijos, debe incluirse la implementación de una "política" saludable que contemple los siguientes aspectos:
-
Limitar la cantidad de alimentos insanos que hay en casa.
Existe un refrán que resume a la perfección este consejo: "Ojos que no
ven, corazón que no siente". Si el niño no tiene a su alcance alimentos
llenos de calorías pero faltos de nutrientes, nadie tendrá que
prohibírselos.
-
Fomentar un mayor número de comidas compartidas. Cada
vez más investigaciones científicas confirman algo de sentido común:
comer en familia mejora la calidad de la dieta del menor. Incluso
existen estudios que indican que este hábito puede evitar comportamientos de riesgo en adolescentes.
-
Promover la actividad física y restringir el tiempo que los niños dedican a actividades sedentarias.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) aconseja limitar a menos de 2
horas diarias el tiempo que los pequeños dedican a ver televisión, jugar
a videojuegos o a navegar por Internet (los menores de 2 años de edad no deberían ver la televisión).
2. Más ejemplo y menos sermones para unos hábitos saludables
Hay otro dicho popular que contiene una gran dosis de sabiduría: "Predicar con el ejemplo
es el mejor argumento".
Que los propios padres escojan unas buenas
costumbres, tanto de alimentación como de actividad física, resulta
decisivo para que los niños sigan el mismo camino.
Por una parte, en un
hogar en el que los padres se alimentan de forma equilibrada es
muchísimo más probable que haya alimentos sanos al alcance del menor.
Numerosos estudios señalan que cuando en el hogar hay más frutas y
hortalizas, los pequeños consumen mayor cantidad de ellas. Y viceversa:
si en casa hay más alimentos insanos (como bebidas azucaradas), la ingesta del menor es menos saludable.
Por otra parte, si los padres evitan el sedentarismo, es muy poco
frecuente que permitan que sus hijos pasen horas frente al televisor o
jugando a videojuegos.
Harán lo posible para motivar al niño a que mueva
el esqueleto, ya sea mediante juegos, paseos, deportes o cualquier
actividad que haga acelerar el corazón.
Además, tendrán ropa deportiva
adaptada a la edad del niño o conocerán espacios en los que se pueda
mover con libertad.
Los investigadores responsables del estudio indicaron que los padres "son un modelo de rol para sus hijos" y que el ambiente en el hogar es "crítico" para prevenir la obesidad infantil.
Por último, que los padres mejoren sus propios hábitos con el objetivo
de promover la salud de sus hijos mejorará también su propia salud.
Un
círculo virtuoso que, como bien resume el cantautor (y médico) uruguayo Jorge Drexler, confirma que cuanto más damos, más recibimos.
Via: http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/infancia_y_adolescencia/2013/08/09/217542.php#
Cuando comenzamos con la alimentación complementaria suele suceder
que, el bebé, si se lo permitimos, toque, se embadurne, aplaste, escupa y
hasta tire al suelo lo que le damos. Pero, ¿es malo que el bebé juegue con la comida?
Posiblemente a nosotros nos daban de comer papillas, bien sentaditos en la trona, cubiertos con un babero y haciéndonos el avioncito… pero de tocar las cosas de comer con las manos , nada de nada. Y nos cuesta ver que el niño se empeña en hacerlo.
Pero que un bebé juegue con la comida no tiene nada de malo, todo lo contrario, es lo más saludable para que desarrolle su experiencia alimentaria completamente. Su gran curiosidad y la necesidad de experimentar con todos sus sentidos le anima a hacerlo.
Aprender a comer no es aprender a abrir la boca cuando viene la
cuchara. Aprender sobre la comida es una aventura de colores, olores,
temperaturas, texturas, peso, consistencia y sabor. Por tanto que el
niño quiera jugar con la comida y tocarla va a ayudarle a desarrollar su
experiencia plena. Incluso podemos aplicar el método Baby-led Weaning,
que consiste en permitirle al bebé comer en trozos desde que comienza
la introducción de sólidos. Irá cogiendo los alimentos con la mano y
llevándoselos él mismo a la boca.
Tampoco es necesario que la casa quede hecha una pocilga, basta con
ponerle un plato antideslizante, unos plásticos en el suelo y, siempre
que sea posible, comer nosotros con ellos y cosa lo más parecidas
posibles, para que desee descubrir por él mismo lo que nosotros hacemos, fomentando de este modo buenos hábitos alimentarios desde temprana edad.
Asi que no, no es malo que el bebé juegue con la comida, jugar es su manera de aprender.
Via: http://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/es-malo-que-el-bebe-juegue-con-la-comida
Un tuit muy polémico del American Institute for Cancer Research ha llevado a que algunos foros de internet echen humo a raíz de la sempiterna pregunta:
qué es antes el huevo o la gallina. O dicho de otra forma,
¿cómo hay que adelgazar: introduciendo alimentos “sanos” o dejando de tomar los superfluos?
En él, leemos lo siguiente: “Para reducir tu ingesta de calorías, no añadas hortalizas, frutas o cereales integrales. Escógelos en lugar de alimentos ricos en grasas o azúcares”.
Pero el tuit no está mal. De hecho, está la mar de bien. Muchas personas piensan, erróneamente, que no es preciso que dejen de tomar alimentos superfluos para conseguir su salvación nutricional, sino que basta con que tomen media zanahoria cruda de vez en cuando, para que sus “carotenoides antioxidantes fitoquímicos” ejerzan mágicos poderes antienvejecedores y, sobre todo, adelgazantes.
No funciona así. De hecho, tampoco funciona así en otras facetas de la vida.
Si quitamos el polvo de las estanterías, pero tenemos los zapatos llenos de barro, la habitación no quedará lo que se dice “impoluta”. Mejor sería limpiar primero nuestros sucios zapatos, para luego dedicarnos al orden y concierto de la habitación.
Así, para disminuir la ingesta calórica o para mejorar el perfil nutricional de nuestra dieta, no basta con “añadir” alimentos sanos, hay que dejar de tomar alimentos con muchas calorías. Una vez eliminadas las (muchas) calorías que nos aportan los alimentos superfluos (refrescos, bollería, repostería, helados, aperitivos salados, postres lácteos, salsas, bebidas alcohólicas, etcétera), en ese momento podemos empezar a plantearnos añadir frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres o frutos secos.
(No debemos olvidar que para tener una vida saludable es imprescindible compaginar una alimentación sana con la práctica de deporte)
Via: http://comeronocomer.es/rumores/rumor-para-adelgazar-basta-con-anadir-alimentos-sanos
El verano es una época especial del año. Los días son más largos,
socializamos más y, ¡por supuesto! hay vacaciones por medio, sin contar
con helados, granizados y un sinfín de tentaciones en forma de comida.
El verano es, sin lugar a dudas, la época del año más relajada que hay.
Quizás por ello, muchas veces el proyecto de comenzar una dieta (que,
como sabéis para mí es sinónimo de “comenzar a cuidarme, quererme e ir
por lo que quiero en la vida”) lo dejamos para después, porque claro ¡a
ver quién es el guapo que resiste a tantas tentaciones! Pues tú, si realmente lo quieres.
El verano no es excusa. Es más, si te pones a
pensarlo fríamente, tienes la oportunidad de cuidarte más: – Al tener
más tiempo libre, puedes practicar ejercicio.
- Como hace buen tiempo, ¡no necesitas enterrarte en un gimnasio! Sal a pasear, a correr, a patinar,…
- Como hace más calor, apetecen cosas más fresquitas. Así que las frutas, las ensaladas, los zumos, etc. son tus aliados.
- Bebes más, lo que siempre te ayudará a sentirte más saciada y a equilibrar la ingesta de líquidos.
Además, el verano son 3 meses. ¿Cuánto tiempo de te vas de
vacaciones? ¿15 días? ¿Un mes? Si tienes la suerte de poder irte un mes,
no deja de ser un tercio del tiempo de verano. En esos 30 días harás
una media de 4 comidas diarias, lo que significa 120 comidas. ¿Vas a
hacer 120 comidas desastrosas? ¿120 paellas? (si es así, vete poniendo
en contacto con el Ayuntamiento de Calasparra, para que te hagan un
monumento.) Pero es que aunque así fuera… ¿Vas a dejar de cuidarte 3
meses por ello? Hay un círculo vicioso muy común:
- Tras el verano, me siento fatal porque he engordado y me paso el mes de septiembre castigándome por ello, así que
- Llega Octubre y me digo “venga, me voy a poner a dieta” pero como las Navidades están a la vuelta de la esquina….
- Tras las Navidades, me flagelo mucho más “¿Ves? ¡Has vuelto a engordar! Jamás lo vas a conseguir”, así que
- Enero y febrero me lo paso llorando por las esquinas y planificando la operación bikini que
- Comienzo en marzo convencidísima de que me voy a quitar lo que me sobra
- Llega finales de Junio y bueno, sí, me he quitado unos cuantos Kgs, así que ¡vacaciones!
- Y… vuelta a empezar.
Y, sin darte cuenta, vives año tras año un círculo vicioso que te atrapa en tu cuerpo, en tus sentimientos de fracaso y en tu vida “de gorda”.
Y, a muchas personas, en dietas milagros y cambios drásticos de peso.
Conozco a una mujer que su talla en ropa de invierno es la 50, y la de
verano… ¡la 46! ¿Dos tallas en un mismo año? ¿No ves que vives atrapada
en un círculo vicioso? ¿No deseas, de corazón, mantenerte en una vida
sana -y un cuerpo- durante el resto de tu vida? Corta con todos los
círculos viciosos de tu vida. Mientras vivas en ellos, no dejarás que
lleguen a tu vida personas, situaciones, experiencias y sentimientos
nuevos.
En realidad, el verano es la excusa para no comenzar a cuidarte.
Pero la pregunta es… ¿Para qué dejas de cuidarte? Cualquier
época del año es buena para amarte y ocuparte de ti y de tu
alimentación. ¡Ojo! No estoy diciendo que te pongas a dieta de
adelgazamiento, sino que te cuides esas vacaciones, vuelvas a tu vida y
sigas cuidándote. El nivel lo pones tú. El verano es una época perfecta
para comenzar a asumir una alimentación responsable: frutas, verduras, barbacoas (sí, si te lo propones, una barbacoa puede ser de lo más sano), bebidas sanas, etc. y empezar a indagar en esas razones que te hacen vivir en ese círculo.
Así que… ¿por qué no te dejas de excusas veraniegas y empiezas a amarte ya?
Via: http://evacamposnavarro.wordpress.com/2013/06/20/el-veranito-otra-excusa-mas/
La nutrición es una ciencia
dentro del área de la salud.
Sin embargo, muchas veces a diferencia de
la medicina, no existen respuestas generales y aplicables a toda la
gente. Se podría decir que la nutrición es la ciencia del “depende”.
Depende de la edad, del nivel económico, del tiempo, de los gustos y
preferencias, de las costumbres, de si existe o no alguna enfermedad, de
nuestros hábitos y las cantidades de alimento que acostumbramos, etc.
Es por eso que se generan tantos mitos y recomendaciones tan variadas y
por lo tanto nos sentimos con frecuencia confundidos.
Por ejemplo, se dice que comer frutas es benéfico por su contenido de
vitaminas, minerales, agua y fibra. Pero ¿qué sucedería si consumo
grandes cantidades de fruta? En ese caso no es muy recomendable porque
al hacerlo estaría olvidando de comer otros grupos de alimentos que
tienen diferentes nutrientes, tal vez grasas y proteínas, por lo que me
estaría privando de elementos importantes para mi salud.
Con todos los alimentos pasa lo mismo. Una alimentación saludable
consiste sobre todo en la variedad. Si incluimos alimentos que
pertenecen a todos los grupos, estaremos teniendo un aporte adecuado de
todos los nutrientes.
Estos grupos son:
Verduras y frutas: aportan carbohidratos (energía), vitaminas, minerales, fibra y agua.
Leguminosas: aportan carbohidratos complejos (energía prolongada), fibra, proteínas y minerales.
Lácteos: aportan proteínas, grasas y calcio.
Carne, queso y huevo: nos dan proteínas, minerales como hierro y otros minerales importantes.
Grasas y aceites:
sobre todo el aceite de oliva y otros aceites de origen vegetal tienen
además antioxidantes como polifenoles y vitamina E. Si es aceite de
pescado, contiene omega 3, excelente para el corazón. Nueces y semillas
(llamadas oleaginosas) también contienen importantes nutrientes.
Cereales: aquí
incluimos trigo, maíz, cebada, arroz, centeno, avena y todos sus
derivados. Contienen carbohidratos, vitaminas, minerales y fibra. Si son
integrales tendremos todo esto, si son refinados sólo tendremos
carbohidratos llamados almidones.
Ahora bien, la industria de alimentos sabe que mucha gente tiene
problemas de tiempo para desayunar adecuadamente y han creado una gran
oferta de cereales de caja prácticos y rápidos. El problema con muchos
cereales de caja es que pueden llegar a tener demasiada azúcar,
saborizantes y colorantes artificiales (sobre todo los cereales para
niños), siendo muy alto su aporte de calorías y bajo su aporte de fibra y
otros nutrientes.
La mala noticia es que en una porción de cereal podemos estar tomando
toda la azúcar que podemos tomar en todo el día, promoviendo el aumento
de peso en niños y adultos. Otra desventaja de los cereales de caja es
su contenido de sal, el cual es muy elevado. Generalmente los alimentos
altos en azúcar también contienen mucha sal y los cereales de caja no
son la excepción.
Por otro lado no se trata de satanizar estos alimentos pues una
alimentación adecuada puede incluir todo tipo de alimentos, siempre y
cuando sepamos cuánto comer y con qué frecuencia.
Si nuestro desayuno
consiste en cereales de caja azucarados todos los días, entonces
sí, estamos fallando. Si lo hacemos una vez al mes o cada 3 semanas
cuando se nos antoja mucho, entonces es un alimento más dentro de la
gran variedad de alimentos que consumimos.
Algo importante es que leamos las etiquetas, para elegir el cereal
que tenga menos azúcar y sodio… y más fibra, e incluyéndolo de vez en
cuando si así lo preferimos.
Ahora bien si queremos cuidar nuestro peso será recomendable tomarse
el tiempo de planificar nuestro desayuno e iniciar nuestro día con
alimentos mucho más nutritivos como aquellos que incluyan proteína,
verdura, fruta y lácteos descremados, así como pan o tortillas
integrales.
Podemos sustituir los cereales de caja por otro tipo de cereales sin
azúcar como el amaranto y la avena. Se pueden tomar con yogurt, con
leche y fruta o en licuados, se pueden hacer galletas, incluso hotcakes
integrales.
Recordemos que lo mejor es incluir alimentos naturales y frescos, sin colorantes, saborizantes, conservadores, sales y azúcares.
Además no podemos perder de vista que los hábitos se forman en la
infancia, y si enseñamos a los niños a relacionar desayuno con cereal de
caja, difícilmente podrán tener buenos y saludables desayunos cuando
crezcan.
Nuestros paladares se acostumbran a los sabores. Acostumbrémonos a tener una alimentación variada y natural.
Via: http://www.vivesanamente.com/los-cereales-de-caja-para-el-desayuno-son-buenos-o-malos/
Existen dos grupos de alimentos, según lo que nos producen:
Energía extrema yang
Con efectos de acumular, acaparar, cerrar, condensar, engordar, generar calor interior y tensión en extremo.
También de formar a nivel energético una armadura-coraza-protección entre nosotros y nuestro cuerpo exterior
Todas las grasas saturadas de carnes, embutidos, jamón, aves, huevos, quesos secos y curados, horneados de harina, excesos de galletas y pan, sal cruda o exceso de alimentos salados, nos generan una coraza de aislamiento.
Puede que algunos lo consideren protección, pero ¿de qué nos tenemos que proteger? ¿Para qué necesitamos un caparazón?
Puede que para protegernos de los demás, de situaciones exteriores que nos afectan demasiado. Es entonces cuando decidimos comer en exceso este tipo de alimentos que pueden provocar un exceso de peso, una protección física de peso para no sentir el dolor que pueden producirnos estas situaciones o personas conflictivas. O incluso puede que lo hagamos para no atraer la atención, para que la gente no se fije enmascarándonos con peso.
Un exceso de estos alimentos extremos yang también creará acumulación, no sólo de peso, sino de emociones, de apegos al pasado. Esto hará que las energías que fluyen por nuestro canal espiritual no circulen con facilidad y no sintamos estancados en el pasado.
Así pues, es importante observarnos cada vez que queramos ìcar algo entre comidas (embutido, queso, pan, bollería,...) y sin hambre.
Antes de hacerlo nos podríamos preguntar por qué y para qué lo hacemos.
Energía extrema yin
Con efectos de expandir, dispersar, evadir con reacción y movimiento muy rápido.
Los extremos yin, como las drogas, el alcohol, los estimulantes, los azúcares refinados o el chocolate, son sustancias que a menudo se utilizan para crear estados ilusorios y una realidad ficticia. De nuevo deseamos utilizarlos para evadirnos de la realidad que no nos gusta. Queremos escondernos durante unos instantes, unos minutos. Pensamos que utilizando estos extremos nos desharemos del dolor de algo que no aceptamos en nuestro presente. Cuando tomamos sustancias extremas yin huimos de nuestro presente para quedarnos en un futuro ilusorio. Nos apegamos a un futuro que existe tan sólo en nuestra mente por unos minutos.
Así pues, los alimentos también son usados a nivel colectivo para crear corazas de protección o para evadirse de lo que no nos gusta. Es una reacción muy adolescente: huir de algo que está en nuestra vida para ayudarnos a madurar y aprender. El hecho de escapar haciéndonos las víctimas o enfrentarnos a ello con agresividad y espíritu de lucha ciega no nos ayudará a pasar esa asignatura.
Via: "La alimentación y emociones" de Montse Bradford
La cena:
Ese momento del día en el que ya hemos realizado la mayoría de las tareas que debiamos de hacer.
Momento en el que estamos totalmente relajados.
Ese momento "para mí".
Ese momento en el que nos olvidamos de grasas, dietas, kilos,...
Hay veces en el que nos saltamos el desayuno, la comida,... con el objetivo de perder algún kilo.
Pero,
¿Somos conscientes de lo que esto supone?
Esto supone no darle la energía necesaria a nuestro cuerpo, a nuestra mente.
Saltándonos una comida sólo conseguiremos aumentar la ansia de comer en la siguiente
Por ello, debemos darle la correspondiente importancia al hecho de realizar todas las comidas recomendadas.
Aunque en nuestra vida diaria cada comida debe de tener su cantidad, espacio y tiempo necesarios, en este caso vamos a analizar "la cena".
¿Qué pasa con la cena?
A veces no solemos cenar adecuadamente por distintas razones:
Por que llegamos a casa muy cansados y nos da pereza cocinar, por que nos tomamos un Cola Cao y pensamos que con esto es suficiente,...
Tenemos miles de ideas erróneas.
La cena es necesaria por distintas razones:
-Para darle a nuestro cuerpo la energía y fuerza necesarias para seguir funcinando (aunque estemos dormidos, nuestro cuerpo sigue funcionando. No somos sólo lo que vemos por fuera).
-Para recuperar lo perdido desde la anterior comida realizada (en este caso no me refiero a las calorías).
-Para disminuir la ansiedad que produce saltarse alguna comida.
-...
Es decir, es necesario realizar esta comida, y hacerlo adecuadamente.
Otras veces, nos pasa justo todo lo contrario. Nos relajamos tanto, después de todo lo que hemos tenido que hacer durante todo el día, que decidimos "darnos un homenaje". Por lo tanto, empezamos a picar antes de la cena (pan, embutidos,...), cenamos en exceso, y si esto fuera poco, aprovechamos el rato de antes de ir a dormir para comer algo (normalmente algo dulce).
Esto es muy perjudicial para la salud, teniendo en cuenta que el gasto enérgetico que tenemos después de cenar, no es igual que lo que tenemos después del resto de comidas realizadas durante el día. Como consecuencia, damos paso a una digestión pesada, lenta, e incómoda, dando lugar incluso a sueño interrumpido (es decir, que no dormimos todo lo bien que lo deberíamos de hacer). Además de esto, almacenamos los excesos en nuestro cuerpo a modo de grasa.
Como consecuencia, ¿cuál sería una cena adecuada y saludable?
Una en la que haya dos platos, y un postre.
-Un primer plato ligero como por ejemplo un gazpacho, una ensalada, o una crema de verduras.
-Un segundo plato ligero y con poca grasa (para ello es muy importante utilizar unos métodos de cocinar que requieran poco aceite).
-Una fruta o un yogur de postre.
Y tú, ¿Qué sueles cenar?